Me gustan los perros y de hecho si tuviera que hacer una lista de las mejores mascotas del mundo esa lista estaría llena únicamente por perros y más perros. Sin embargo, como bien dicen, hasta entre perros hay razas y una de las razas que menos me gustan, por decir la única y la cual casi raya en odio, es la de los Poodle.
No sé que tienen, si sea que prácticamente solo los hay en un color, su pelo esponjado, su trompa larga o que diablos sea pero no terminan de convencerme. Además creo que el sentimiento es mutuo, cada encuentro que tengo con los Poodle no termina bien, siempre me andan ladradon los desgraciados. Son perros sin chistes, planos y muchos de ellos son bien feos.
A pesar de todo lo anteriormente expuesto, este fin de semana mi hermano llegó a la casa de todos ustedes con un perro rescatado de un hospicio, tiene 2 años y se llama Ruffo. Y si están pensando que el perro es un Poodle pues acertaron, es un Poodle cruzado con Maltes lo que hace que se vea bastante chistoso. Aún así, este perro no me causa esa animadversion que tengo con el resto del mundo Poodle. Ruffo es tranquilo, buena onda y trae un paleacate azul en el cuello que lo hace ver todavía más buena onda. Juzguen ustedes mismos:
Tiene la mira triste, como si lo hubieran tratado mal durante sus dos años de vida, las patas más largas que zancos, además de flaco y un poco pulgoso, se rasca a cada rato. Siempre pensé que para agarrarle cariño a una mascota esta tendría que llegar de meses cual bebé recién nacido. Ruffo consiguió lo que nunca pensé, ya que desde el primer día uno no puede dejar de verlo con ojos amistosos y preocuparse por el. Esperemos que el buen Ruffo sea una gran compañia para la familia.
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